martes, junio 24, 2008

Los expertos analizarán el genoma de los reyes Alfonso I y Ramiro II. Los restos de los monarcas serán estudiados por Ignacio Lorenzo y Belén Gimeno

Los expertos analizarán el genoma de los reyes Alfonso I y Ramiro II. Los restos de los dos monarcas privativos de Aragón enterrados en el monasterio oscense de San Pedro el Viejo fueron exhumados ayer para hacer una investigación genética. ISABEL Gª MACÍAS. Huesca Alfonso I el Batallador era un hombre robusto, dotado para la guerra. Su hermano y sucesor en el trono, Ramiro II el Monje, tenía la columna desviada y por eso le apodaban "el corvo". Son algunas de las características físicas de estos dos reyes de Aragón, enterrados en el monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca, que pudieron conocerse en 1985 gracias a los estudios realizados sobre sus restos. Los huesos de los monarcas han vuelto a sacarse de sus sarcófagos, de los que estarán fuera durante tres años, para someterse a una nueva investigación que, aplicando los últimos avances de la ciencia, permitirá conocer sus características genéticas y componer el árbol genealógico de la dinastía aragonesa. Ayer, mientras un grupo de turistas franceses visitaba el claustro, se exhumaron los restos de Alfonso I, depositados en un sepulcro de la capilla de San Bartolomé en 1845, fecha en la que fueron trasladados desde el castillo de Montearagón, donde llegó después de itinerar por varios lugares. La sorpresa no fue agradable. Los huesos, protegidos en una urna de metacrilato, estaban oscurecidos por efecto de la humedad. Los de Ramiro II, que se sacaron de otro sarcófago el miércoles, presentaban a la vista mejores condiciones. La exhumación de estos monarcas, que reinaron entre 1104 y 1137, forma parte del proyecto Estudio Antropológico y Genético de los Reyes de Aragón, que en una primera fase supone la recuperación de los restos óseos de todos los que fueron reyes privativos de Aragón, es decir antes de que su linaje se uniese al de los condes de Barcelona (1137). Además de con los de Alfonso I y Ramiro II se cuenta para el estudio con los restos de otros tres reyes (Ramiro I, Sancho Ramírez y posiblemente Pedro I), enterrados en el monasterio de San Juan de la Peña, que han estado en dependencias del Gobierno de Aragón desde que se exhumaron en 1985 y que ahora se recuperan para el proyecto. A ellos se sumarán las muestras tomadas el mes pasado en el monasterio de las Benedictinas de Jaca sobre los restos de las hijas de Ramiro I, doña Teresa, doña Sancha y doña Urraca, a los que ya en 2001 se les realizó el análisis antropológico.
Huesos y documentos Belén Gimeno, antropóloga que coordina la investigación, explicó que en primer lugar "se realizará un estudio antropológico y biométrico que nos va a permitir determinar factores como la edad que tenían cuando fallecieron, el sexo, las enfermedades que sufrieron o las posibles causas de muerte". El estudio también servirá para datarlos de forma correcta mediante el análisis del carbono 14. Obtenidos estos datos, se hará un análisis genético "que nos permitirá identificarlos sin lugar a dudas para establecer las relaciones de parentesco entre ellos y reconstruir el árbol genealógico de la familia real, de los reyes privativos y parientes". A la investigación científica se suma la documental, "que es la que nos cuenta dónde fueron enterrados, dónde fueron trasladados y dónde han quedado definitivamente". Tanto Gimeno como José Ignacio Lorenzo, promotor del proyecto que se está desarrollando como continuidad del iniciado en 1985 y en el que él también participó, señalaron que "las exhumaciones nos han corroborado lo que las fuentes documentales nos han contado". Lorenzo recordaba ayer que en 1985 la capilla estaba en muy mal estado. "El suelo era de tierra, la puerta de la pared estaba abierta y la humedad alcanzaba parte de los muros y había degenerado los restos óseos, que se estaban deshaciendo y que en poco tiempo se hubiesen convertido en polvo", explicó. Según dijo, en aquella primera intervención se intentó dignificar el panteón y salvar los restos: "Los limpiamos, los identificamos e individualizamos y les dimos un tratamiento preventivo con resinas acrílicas para frenar su deterioro". También se diseñaron unas urnas de metacrilato estancas "que han resultado no serlo tanto como queríamos, ya que la silicona, después de 22 años se ha degradado", apuntó Lorenzo. Cuando dentro de tres años, los restos vuelvan a sus sarcófagos lo harán dentro de otros contenedores más herméticos para permitir la mejor conservación de los restos. El proyecto de investigación se realiza desde el Gobierno de Aragón y la Unidad de Genética de la Universidad de Zaragoza. Está dirigido por Begoña Martínez Jarreta y su coste se estima en 650.000, financiados por la DGA e Ibercaja.

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